Toda historia tiene un principio...


... y esta aún no ha llegado a su final.

Pero para entender el Ahora, debes conocer el Ayer.

En esta crónica plagada de claves, de secretos, de metáforas, simbolismos y sueños, sólo quienes comiencen el viaje desde el mismo punto en que se inició lograrán comprenderlo.

Toda historia tiene un Principio. Comiénzalo.




domingo, 28 de diciembre de 2008

Noche natal



Noche plácida, pausada, serena. La Luna se oculta casi por completo, convertida en una curva hoz dorada, y las estrellas campan a sus anchas en un cielo de terciopelo morado y negro.

Por las avenidas, danzan los duendes y las hadas, mientras los demonios juegan entre los ángeles de piedra. Hoy es noche de celebración. Pero la atmósfera está calmada, como si se celebrase algo muy antiguo, algo ya ocurrido, como una madre que recuerda el bebé que fue su hijo adulto. Con una dulce sonrisa en los labios.

El Alma Condenada baila y canta en el centro de su reino, entre los árboles sagrados. Se gira y contorsiona y lanza al aire su melodía, convirtiéndola en diamantes de luz y notas. Es un acto hermoso, puro, sencillo.

Un acto que lleva a cabo porque lo desea.

Y al llegar el apogeo de la noche perfecta, se desliza con tintineo de campanillas de cristal hacia el árbol de las esferas, que hoy relucen con tonos de metal dorado.

Con el Rubí latiendo en sus manos, se arrodilla junto a las raíces, junto al epitafio y la tierra esponjosa. El Rubí se transforma en una copa que ella inclina sobre la tumba y derrama, gota a gota, un líquido precioso, como estrellas acuáticas o lágrimas de dioses.

De entre sus ropas saca una espada que coloca sobre la tierra recién regada, una rama de verdes hojas, un laúd de sauce y una concha nacarada.

Son sus regalos.

Sella la entrega con un beso en el epitafio.

Es su regalo.

No han hecho falta palabras. No harán falta.

Ella sabe, y con eso, es suficiente.





(Cuéntame que hay al otro lado del silencio...)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Una vez en Diciembre


- En mi Mundo, la noche es eterna, a veces llena de rutilantes estrellas, a veces completamente negra. En mi Mundo, siempre es estío, con cálidas brisas y vibrantes aromas. En mi Mundo, siempre resuena una música secreta, en ocasiones un rugido, en ocasiones un susurro. Éste es mi Mundo, de mármol blanco y negro, de estatuas, de suelos de hierba y musgo, de árboles sagrados, de perfumes y melodías, de secretos, de sueños. Tú yaces en él. Y por tí, resuena esta canción en mi voz.-

Y con estas palabras, el Alma Condenada arrulló dulcemente al pie del árbol de las esferas antes de comenzar una diáfana danza al son de su propia garganta.

Porque una vez, en Diciembre, le fueron dichas unas palabras. Y ella aún puede oírlas.





(No murió ni morirá, esas palabras aún son escuchadas y la voz no ha enmudecido, oigo aún... en Diciembre...)

domingo, 7 de diciembre de 2008

Haiku



Capturando el instante fugaz para grabarlo en la eternidad. Algún día, el Alma Condenada tallará uno propio.



Oshikaraji
kimi to tami to no
tame naraba
mi wa Musashino no
tsuyu to kiyu mo.


Sin rencor,
si es por vos, mi señor,
y por vuestro pueblo
desapareceré con el rocío
en la llanura de Musashi.

(Porque mi vida va antes que cualquier otra condición)



Wasuregai
hiroi shi mo seji
shiratama o
kouru o dani mo
katami to omowan.


No reuniré
conchas de olvido,
sino perlas,
recuerdos de
mi antiguo y precioso enamorado.

(Jamás me entregaré el olvido, ni tampoco entregaré mis perlas a sus conchas)



Yugure wa
kumo no hatate ni
mozo no omou
amatsu sora naru
hito wo kou to te.


A la hora del ocaso
las nubes se alinean como estandartes.
Y pienso:
esto es lo que significa amar
a uno que vive más allá de mi mundo.

(Es como ese cielo azul, que por más que extiendas la mano no podrás alcanzarlo)


Cuando contemplo el ocaso, la noche estrellada, los rayos del sol sobre el agua, una gota de rocío en una flor, una avenida de hojas secas como polvo de oro, el trino de un pajaro o el aleteo de una pluma, el tiempo se detiene. Y el Alma Condenada sueña entonces con un tranquilo jardín bajo el cielo naranja del atardecer, donde una suave brisa esparza calidez mientras lee, escribe o conversa con tranquilidad. Donde el mundo exterior no tiene cabida y no importa, donde resuena a todas horas una dulce y serena música secreta, acompasada por los sonidos del agua.
¿Existirá algún día mi soñado Paraíso?


viernes, 28 de noviembre de 2008

Paseando entre tumbas (un año después)



Un año. Aniversario del nacimiento de este cementerio, que siempre ha estado abierto a las almas que quieran adentrarse en él.

Pero hoy, esas puertas están cerradas, y no por rechazo, si no porque deben contener un gran peligro.

En las silenciosas y umbrías avenidas de mármol, nadie se atreve hoy a pasear. Los ángeles de piedra se tapan con sus alas, temerosos, los demonios corren a esconderse en los mausoleos, los duendes traviesos buscan refugio en los nichos y los espíritus vuelan alto, ocultándose tras las nubes y en las sombras de la noche.

Porque el Alma Condenada recorre sus dominios convertida en una bestia de furia y asesinato. Grita, ruge, exhala a los cielos, mientras lanzas de palabras oscuras atraviesan su pecho. Nadie se enfrentará a su rabia, nadie debe intentarlo. El peligro se derrama por sus poros.

Cual criatura salvaje, sus pies descalzos corren por los senderos mientras toda su presencia ruge al silencio. Miles de velas iluminan una noche sin estrellas.

El rubí, más grande que nunca, late con un compás frío. Nunca hubo tantas grietas en su roja superficie.

Envuelta en su furia, el Alma Condenada llega al centro de su cementerio. Allí donde convergen los cinco caminos principales en un espacio abierto, rodeado de los doce árboles sagrados. En el lado opuesto al vértice por el que ella viene, crece un árbol de una especie nunca vista, cuyos frutos son brillantes esferas de cristal, que encierran luz como fantasmagóricas luciérnagas.

La más grande, la más preponderante, la esfera rey, es arrancada violentamente de su rama por las garras del Alma Condenada, que la mira con ojos enloquecidos, mientras las lanzas caen con un sonido metálica.

-¡¿Quieres que te destruya?! ¡¿Quieres que te rompa?! ¡¡¡Tendrás lo que pides!!!-

Alzándola sobre su cabeza, la arrojó contra el suelo, con todas sus fuerzas. El tintineo del cristal llenó el lugar en un susurro de campanillas de verano, pero sin romperse. Limitándose a rebotar.

La arroja de nuevo, la pisotea, ensangrentándose los pies, la golpea entre sollozos. No se quiere romper.

-¡¡¡Ya veo!!! ¡¡¡No te limitas a pedirme tu destrucción!!! ¡¡¡Debes destruír tú también!!!-

Con gesto violento, suicida, desesperado, arranca el rubí, frágil y brillante, y lo coloca en el medio de la convergencia de los cinco caminos. La joya late, pajarillo herido, víctima entregada al sacrificio.

La esfera es sujetada casi con delicadeza, alzada hasta la altura de sus ojos, que se sumergen en su luz. Una lágrima de sangre se desliza por la mejilla.

Y entonces la arroja.

Cristal y rubí chocan y estallan en rutilantes partículas. Y cada partícula es una ráfaga de notas en un acorde de tristeza y dolor.

Suaves sollozos surgen de la desolada figura, caída de rodillas, con alas encadenadas y desgarradas. No puede volar.

Suavemente, en silencio, las partículas se reúnen de nuevo: el rubí en su pecho, unidos los fragmentos; la esfera frente a ella, insolente y altiva.

La luz late. Las esferas giran. Un sonido se desliza, en vientos de destellos de notas.

Suenan los primeros compases, toman forma y la envuelven. Único ser inmóvil en un Universo cambiante, el Alma Condenada es acunada por la música de las esferas.

Lentamente, recoge la bola de cristal ante ella. Y con pasos de silenciosa seda se acerca al poderoso árbol, contemplando con cariño y ternura las estrellas de sus ramas. Junto a las raíces, se abre un hueco en la tierra mullida, donde ella deposita la gran esfera, las más brillante de todas. Con silenciosas lágrimas de amor y dolor.

-Jamás lo entendiste. Esto es un cementerio de sueños olvidados... y también rotos. Son los recuerdos los no se pueden romper. El sueño fue enterrado hace mucho tiempo, y lo que aquí sigo llorando a día de hoy es el recuerdo de un ser amado que murió hace ya tiempo. Mi amor lleva un año existiendo sólo en este cementerio. Es a él a quien no olvido y jamás olvidaré. Tú jamás has entrado en este lugar, pues no eres más que el espejo de un pasado añorado.-

La ceremonia concluye, y un bello epitafio se vuelve visible por primera vez. Pero hace un año que fue escrito en la lápida bajo el árbol único ejemplar en la Tierra.







Dónde han quedado esos momentos
en los que sentados juntos sobre la arena
robábamos trozos a la eternidad del tiempo
y las horas volaban en segundos...

Esas risas compartidas,
esas miradas cómplices
con las que nos lo decíamos todo
sin una palabra...

Esas caricias furtivas en nuestros rostros
besados por el viento y el sol,
esas historias y cuentos
de los que éramos protagonistas...

Esos paseos a medianoche
por la ciudad dormida
de calles desiertas que eran nuestro reino,
lleno de sombras y luces tenues...

Esas confidencias secretas
que sólo osábamos contarnos entre nosotros,
esas lágrimas escondidas
que sólo dejábamos ver al otro...

Esos cigarros compartidos,
esas dulces palabras,
esas conversaciones sin sentido,
esos despertares en tus brazos...

Esos besos desenfrenados
que dábamos como si fuese el último,
esa cama donde, desnudos,
uníamos nuestros cuerpos en una danza llamada amor...

Ese Desierto Silencioso
testigo de nuestra historia,
esos mensajes al móvil
que fueron las cartas de dos vampiros enamorados...

Dime,amor, donde han quedado,
todos nuestros tesoros...

Aquí quedan, enterrados,
entregados al Tiempo y al Pasado.


Lentamente y en silencio, las puertas se van abriendo...



(Fragmentos del espejo me han sido arrojados...)



martes, 25 de noviembre de 2008

De amor (una pequeña reflexión)



Muchas veces decimos palabras de las que luego, aunque no nos arrepintamos, tenemos que hacer rectificación, puesto que comprobamos que no eran del todo acertadas. El Alma Condenada no es inmune a ello, y más de una vez ha tenido que tragarse el orgullo y admitir que estaba en un error.

Pero también hay palabras que, una vez dichas, no pueden ser retiradas. Y si el Alma Condenada pronunció alguna vez ese tipo de frases fatídicas, no lo dirá. Es algo que queda dentro de su cementerio.

Y reflexiona, mientras tararea la canción de un cambiante trobador. Que cuando empezó despreciaba y actualmente admite que puede tener cierta redención por sus letras y su ténica de voz.

Escuchemos lo que dice y lo que piensa en su cabeza y en su corazón.







"Ya no tengo palabras, (quizás porque ya las dije todas y ninguna de las que añada te hará cambiar de opinión, ¿o sí?)
De todo y de nada, el tiempo se las llevó, (el Tiempo es mucho más cruel, y no sólo no se las lleva si no que aún no me permite olvidar)
Sólo queda la noche en mi interior y este frío de amor, (esa noche que era nuestro reino secreto y ese frío del que me cubriste)
Hoy esta calma que rompe el corazón, (la calma siempre precede a la tormenta, que luego azotará mi interior)
De esta guerra yo he sido el perdedor (hice malos movimientos y ahora ni siquiera tengo valor para sostener una mirada, tengo miedo de lo que veré en ella)
Y se clava muy dentro este (tan dentro que llega hasta donde sólo tú llegaste, hasta donde guardo tu recuerdo)
Silencio, eterno y mudo como el recuerdo (esos bellos recuerdos que atesoro, pero que no tienen voz)
Del amor que tú me diste, ( y que ahora está fuera de mi alcance, que me corrijan si me equivoco)
Silencio, tan grande, tan vacio y tan muerto, (como mi interior y mi corazón al saber que ya no hay en tí amor por mí)
Como quema este dolor del silencio (a este paso mi cuerpo entero perecerá entre llamas, por lo que veo)
Que llena cada espacio en mi cuerpo, (porque no hay nada más que puedo llenar un hueco tan grande en mi vida com el que tú dejaste)
Como duele este silencio de amor. (ya no hay palabras, ya no nos hablamos, y de eso la culpa la tengo yo)

Que difícil se ha vuelto (difícil es la palabra que mejor describe ahora la situación, junto con surrealista)
Seguir respirando sabiendo que ya no estás, (pero eso no importa, estoy acostumbrándome a no respirar)
Si pudiera encontrar una razón (seguro que hay miles, pero ninguna me convence ni me cura esta desdicha)
Que me ayude a entender que no vas a volver (a veces no sé si no la hay o no quiero entenderlo, maldita esperanza imborrable...)
Y esta herida que sangra en mi interior, (más bien se desangra gota a gota, como el reloj de arena que contabiliza el tiempo que llevo sin tí)
Y esta espina clavada sin razón (de espina nada, por lo menos es la lanza de Longinos, o como mínimo un rosal entero)
Y el inmenso dolor de este (qué hay que no haya escrito yo ya sobre ese dolor, sobre ese incesante sufrimiento)

Silencio, eterno y mudo como el recuerdo (y es que realmente sólo me queda eso y debo atenerme a ello)
Del amor que tú me diste, (y que está claro que no me volverás a dar, que tendré que seguir buscando en otro lado)
Silencio, tan grande, tan vaci­o y tan muerto, (tanto como mi alma, que murió el mismo día que el verdugo ajustició a mi corazón)
Como quema este dolor del silencio ( y es un fuego que no deja de arder, ni brasas ni cenizas, aquí hay hoguera por largo tiempo)
Que llena cada espacio en mi cuerpo, (un cuerpo tan vacío como su mente, huérfano de tus amores)
Como duele este silencio de amor (al menos unas palabras, unas simples palabras, que serían como un oasis en el desierto...)

Como duele este silencio (... o quizás se conviertan en la tormenta de arena que termine de destruír mi ciudad de cristal.)



(Por más pestes que echase de él por famosillo y chulo, debo reconocer que tiene buena voz y que ha mejorado bastante desde que tiene nuevos letristas y compositores...)


miércoles, 12 de noviembre de 2008

Harta



Normalmente soy poética. Sutil. Metafórica. Porque en mi Cementerio sólo deseo bellos epitafios.

Pero claro, de vez en cuando hasta Yo estallo. Me canso. Se me agota la paciencia. Y así surgen cosas como hoy, que no estoy como para ponerme oscuramente lírica.

Hoy simplemente estoy a punto de reventar, y no precisamente de tristeza o de dolor, como suelo escribir por aquí. No señores, hoy estoy que muerdo de la rabia. Y resulta francamente irónico que la mayor fuente de esa ira sean los mencionados en el post anterior.

Si es que no puedo... si me pongo una máscara y me muestro segura de mi misma, siempre sonriente y con una palabra de ánimo, la gente se enfada por mi máscara. Si me muestro a cara descubierta, la gente se aprovecha de mi vulnerabilidad y cualquier cosa me hace daño. Soy la persona libre más presa del mundo, porque tengo que medir cada gesto y cada paso que doy, cada palabra que digo, para no herir corazoncitos.

Y vale, los entiendo, he estado y en cierta manera estoy en su lugar, pero seamos sinceros. No es justo. Es hasta egoísta. La gente te dice cosas que saben que te van a poner en una situación incómoda o en un compromiso, o aún peor, que saben que te están obligando a hacerles daño, sólo porque si se confiesan se sienten mejor. ¿Y nosotros, qué? ¿No piensan en como nos sentimos? ¿Es que creen que disfrutamos de estar en esa posición, que disfrutamos de hacer sufrir? Por favor. Eso es conocerme muy poco.

Y lo peor de esos temas es que haga lo que haga meteré la pata y alguien se sentirá ofendido y dolido. Digo verdades y la gente cree que miento o que intento salirme por la tangente. ¿Tan difícil es entender que trato de dejar clara mi respuesta pero de manera delicada? La opción de ir a bocajarro y prácticamente retorceros las entrañas con una sonrisa está ahí y no la escojo. Preguntaos por qué.

Si soy libre, dejadme ser libre. Respetad mis decisiones igual que yo respeto las vuestras y tenedme consideración. Cuando vosotros falláis, ¿os echo la bronca? ¿Os doy el sermón? ¿Os machaco?

No, ¿verdad? Porque yo soy esa pobre idiota que todo lo perdona y siempre suelta un "No, tranquilo, no te preocupes" con una amable sonrisa. O un "Sé feliz", cuando por dentro ardo en deseos de verte sufrir como yo sufro por ti. Que nunca piensa mal de la gente y que si le dicen que no puede ir porque no hay sitio o que alguien no puede venir porque está ocupado con algo, se lo cree sin ponerlo en tela de juicio ni sospechar ni malpensar. Y si alguien insinua que es mentira, ni me molesto en escucharle. Cuando una persona dice que no puedes ir, o que ella no puede acudir, sus razones tendrá, y no está bien presionar a alguien sobre sus decisiones privadas. Debe de ser por esa bondad estúpida mía que la gente que más quiero se libra de mí muy fácilmente cuando ya no me necesita. Claro, como siempre estaré ahí cuando quieran volver...

Eso no volverá a ocurrir. No volveré a ser el juguete ni el pasatiempo de nadie.

Ni tampoco seguiré amargándome y llorando por situaciones que no está en mi mano solucionar, Yo ya hice lo que tenía que hacer. Y ya puede la gente protestar, pero Yo soy como los robots de Aasimov: en una situación en la que el daño es inevitable, calibro los daños y escojo el menor posible. Si no queréis verlo, allá vosotros. A mí dejadme tranquila.

Meteoslo en el cráneo: YO SI VOY CON MIS AMIGOS ES PARA PASARLO BIEN. No me importa escuchar los problemas de otros y entristecerme por ellos a causa de mi empatía, pero no paso de ninguna manera que mis amigos me digan lo que debería hacer o como debería comportarme, o que me echen el sermoncito. Para eso ya tengo a mis padres y a mi propia conciencia, gracias.

Así que estoy viendo dos opciones: tomarme un retiro del mundo social hasta que la cordura decida darse un paseo y repartirse por ahí, o limitarme a quedar sólo para partidas, eventos y similares. Ah, y el MSN quedaría cerrado para todo lo que no fuese charla intrascendente o impersonal.

Porque si Yo acepto a la gente tal y como me viene sin decirles nunca nada malo ni sermonearla, exijo lo mismo.

Porque hasta a mí se me termina la paciencia.

Y ya estoy harta.




(Un arranque de cólera como cualquier otro, pero tampoco os lo toméis a impulso del momento...)

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Amigos



La vida trae acontecimientos. Unas veces son imprevisibles, otras predecibles, pero una cosa jamás falla: la rueda gira y gira, y siempre trae consigo nuevas vivencias en cada vuelta.

La lobo lo sabe. Y también sabe que mucho tiene que agradecer a que siempre que hay un giro tiene a sus amigos con ella.

Los quiere mucho. Quizás por eso precisamente entre ella y ellos tienen tanta capacidad de hacerse daño mututamente sin pretenderlo. Pero el bálsamo de la confianza y el respeto a la libertad de cada uno de ellos puede cicatrizar esas heridas.

Los recorre con la mirada. El dragón grulla y el pájaro de fuego revolotean sobre su cabeza, a veces lejos, a veces cerca, siempre ahi. Los lobos de la manada de Brigantium aullan bajo ellos, aguardando una próxima reunión de clan. Cuantas veces le han ayudado a levantarse.

El genial Comando de los Bichos, con su líder a la cabeza. Compartir risas con ellos e intercambiar confidencias, ya sea con el pájaro oscuro o con su pareja, es una de las cosas que más animan.

Los lobos de Cilenia, entre ellos el mago bardo, el lobo marino, el ilusionista y muchas otras crituras sin definir todavía, que le han regalado bellas tardes y noches de agradable charla, divertido rol y montones de diversión.

El troll y el dragón demonio de Pontus Veteris, junto con el veterano, el pequeño demonio mayor, las hermanas del dragón y muchos otros. Verles es una garantía segura de que lo pasará como nunca. Simbolizan risas, rol y desenfreno. Con ellos jamás ha tenido una mala palabra.

La pequeña ánade testaruda y su mejor amiga hablan más cerca de ella, pues su vivienda se sitúa en la misma zona, así como la criatura esmeralda. Y no son pocas las horas que pasa con ellas, hablando, riendo y exhalando humo mezclado con recuerdos.

La princesa canina de ojos pálidos, con su sonrisa y su amabilidad.

El gran lobo que desde hace años la escucha y consuela, siempre presente con una sonrisa amable, con su eterna calma contagiosa y con sus patas dispuestas a cobijar su cuerpecillo (pues junto a él la lobo, de normal grande, se siente pequeñísima) lloroso y helado por el frío en un abrazo fuerte.

La serpiente, protectora hasta el extremo, consejera, a veces administra mordeduras de realidad que compensa con una comprensión sin límites y un gran cariño hacia su, podríamos así decirlo, hijita y hermanita.

El felino, do quiera que esté, no importa lo poco que lo vea, porque se ganó un profundo hueco en su corazón.

La que fue tantas criaturas que a día de hoy ignoro con cual se identificará más, aunque parece querer mucho a los erizos. Un corazon de oro y una amistad que los años nunca han conseguido que olvide, aunque ahora esté lejos, muy lejos, en las Tierras del Norte Germano.

Y el águila. Pese a todo. Y sin saber muy bien por qué. Aunque quizás debería incluirlo en una categoría distinta.

Son tantos que quizás la lobo no terminaría de nombrarlo así tuviera una vida entera para dedicarla a esa tarea. A sus ojos forman un cuadro heterogéneo de colores, voces, aromas, rostros y tactos.

Un cuadro que le agrada.

Dedicado a todos vosotros, porque a veces me hacéis llorar lágrimas amargas, me desesperáis o me enfurecéis, me traéis de cabeza o me chincháis sin fin, pero qué demonios.

Todo eso merece la pena sólo porque un simple momento de risas con vosotros me permite cruzar una eternidad de dicha y ánimo.

Porque os quiero, maldita sea. Sois la familia que he elegido.

Por vosotros.


domingo, 19 de octubre de 2008

Otoño



Cielo de plata. Alfombras de oro viejo en polvo que adornan las silenciosas avenidas de mármol blanco. Bancos del mismo material con algunas hojas secas, las mismas que componen las cubiertas del suelo, sobre ellos. Un viento tibio revolotea. Y el Alma Condenada pasea y escucha.

El aire lleva pergaminos escritos, ligeros como plumas, con palabras de otros mundos secretos, como su cementerio. En uno de ellos lee acerca del Otoño y su belleza.

No puede hacer otra cosa que estar de acuerdo.

Ahora que los sueños la confunden en sus noches bajo el yugo de Morfeo, ahora que en sus visiones oníricas ave y felino osan aparecer reflejados como era antaño, haciendo que su corazón derrame silenciosas lágrimas de recuerdo y frágil hielo, ahora que le acechan en el único rincón del que no puede escapar, su propio subconsciente e inconsciencia, lo que el Otoño ha simbolizado siempre para ella y para su rubí es un bálsamo en las heridas.

Que no cierran, pero cicatrizan.





Calma,
serenidad,
reflexión,
melancolía,
pausa,
aceptación,
envueltos en cálidas mantas
suaves pensamientos que flotan
con pereza entre nubes de vapor,
ante una infusión cálida
y una buena conversación
en jardines de joyas pardas
y cielos de acero y algodón,
vientos de aroma a lluvia
y rayos fríos del Sol
que nos regalan tardes
de amistad y de reunión
ante el calor de una hoguera,
de un hogar con corazón,
de viejas historias
y alguna triste canción,
tiempo de madurez,
de recuerdo,
de mente y de psique,
de Amor.



(Porque tuviste y tienes el poder de convertir mis otoños en felicidad o dolor... ¿de qué será ahora el tercero?)

domingo, 12 de octubre de 2008

Amar y ser amado



Hoy, me he sentado a pensar sobre mí, y mi actitud en los últimos días. Llevo un tiempo envuelta en una laxitud extraña, en una especie de velo de tristeza resignada y en un frenesí de descontrol.

Yo achacaba la culpa a mis hormonas. Estaba convencida de que tenían la culpa, en ello me escudaba, y seguía sonriendo como siempre. Pero las brumas nunca duran demasiado, pues basta que el Sol las disipe, y así, las mías han desaparecido con la luz de la reflexión.

No son mis hormonas, como yo creía, aunque parte de la culpa la tienen. No es que extrañe el deseo.

Es amar, y ser amada. Eso es lo que extraño.

No quiero dar pie a equívocos con mis palabras. No pongo en duda ni por un segundo que hay personas que me aman. Sé que las hay. Igual que hay personas a las que yo amo.

Pero no confundamos el amar con el querer. Y aquí se da la casualidad de que soy amada, pero no amo, y amo sin ser amada.

Es algo difícil de explicar, y quizás aún más difícil de entender, pero a veces, ser amada no es suficiente. Amar no es suficiente. Necesitas ambas, y ése es mi problema.

Deseo amar a alguien que me ame de la misma manera. Deseo ser amada por alguien a quien yo ame igualmente. Hecho en falta aquellos paseos con una presencia cálida y cercana a mi lado, a la que igualmente yo le proporcionaba amor y confianza. Esas tardes que pasaban volando y al mismo tiempo eran interminables, esas miradas que decían más que mil palabras. Esos detalles sencillos y cotidianos, esos "Te quiero" sin venir a cuento, simplemente por necesidad de decírselo al otro, esos momentos en los que un abrazo bastaba para ahuyentar cualquier duda, cualquier dolor.

Desde su marcha, jamás volví a tener eso. Tuve y tengo amistad, deseo y comprensión, pero no esas pequeñas tonterías propias de dos enamorados ebrios de felicidad y con mundo aparte sólo para los dos.

Únicamente dos personas pudieron llegar hasta el lugar más recóndito de mi alma. Y ahora, ninguna de ella está a mi lado y nadie ha vuelto a hoyar los senderos que ellos pisaron.

¿Por qué? ¿Por qué no pudisteis amarme? ¿Por qué no pudisteis seguir amándome?

Porque, pese a todo, yo os amé y os amo.

Y tarde o temprano, volveré a amar y a ser amada. Eso espero.

Dejemos actuar al tiempo.



jueves, 9 de octubre de 2008

A gritos de esperanza



A veces, la posibilidad es la fuerza más grande. A veces, el "quizás" es la palabra clave.

Con un sentimiento indescifrable, mezcla de nostalgia, anhelo y deseo, el Alma Condenada escucha cantar a la sombra de un esquivo trobador, que acaricia con delicadeza las cuerdas de su guitarra y le regala melodías.

Y acariciada por las notas, el viento susurrante, las suaves hojas que caen formando una alfombra de oro viejo y los susurrantes velos negros que la envuelven, sueña que ese Trobador tiene un rostro amado, y un corazón amado.

Porque la posibilidad nunca muere. Y quizás, algún día, ese Trobador posea un nombre que los labios del Alma Condenada pronunciaron.

Y mientras tanto, sigamos llamándole Alex. Gracias por esas canciones que has regalado al mundo.





A pesar de que la luna no brille mañana
me dará igual, pues solo el verte reí­r
es lo que me hace feliz, mi alma.

Y es verdad que una mirada distinta
o algun gesto mas frío, se clava
en mi pecho la daga del desconcierto
pero amor, ahí­ esta la magia.

Ahora que te veo niña ya te echo de menos
no imagino mis heridas si algún día te vas lejos
Quería, por esto...


Que si preguntan por mí­, no les digas donde fuí
Que tu alma sea fuerte, y cuando mires hacia el frente
no recuerdes todo lo que no te dí­.

Y es que quedan tantas cosas por contarte y que me cuentes,
tantos ratos y pasiones por vivir,
a tu lado, oh, mi vida, a tu lado.


Y ojalá, que nuestros ojos sí brillen, mañana
y que tu voz siga pidiéndome a gritos amor,
a gritos de esperanza.

Ahora que te tengo no pienso perder el tiempo
ni perderme por mi absurdo ego ni un solo momento.
Se esfuma... el miedo.


Y si preguntan por mí­, no les digas donde fuí
Que tu alma sea fuerte, y cuando mires hacia el frente
no recuerdes todo lo que no te dí­.

Que tu luz brille por siempre porque tú te lo mereces,
Y perdona si algún día pretendí
que no fueras, oh, tu misma.

Y si preguntan por tí­, solo diré que te ví
en mis sueños una noche
y sólo sueño desde entonces
para verme cada día junto a tí­.

Y es que quedan tantas cosas por contarte y que me cuentes,
tantos ratos y pasiones por vivir,
a tu lado, oh, mi vida, a tu lado.



(¿Soñará con el Alma Condenada como ella sueña con él?)

viernes, 19 de septiembre de 2008

Reflexiones



Curiosa es la vida, que nos lleva por senderos jamás imaginados. Dicen que la vida es un cúmulo de experiencias, o un gran viaje, o incluso es, simplemente, existir.

Alguien dijo una vez que la vida es sueño, y los sueños sueños son. Y yo digo que sabemos que estamos vivos porque amamos y odiamos, porque disfrutamos y sufrimos, porque en un sueño no lloras lágrimas de cristal ni construyes castillos de viento ni te unes a otras almas afines a la tuya. Por tanto, si la vida es sueño, y amamos y sufrimos... ¿es sueño o pesadilla?

De las ilusiones de la mente te puedes despertar, ya sea con un alba cruel o con un amanecer piadoso, que te arrancan de las entrañas de tu subconsciente para que te enfrentes a la dura realidad vital. Y todos, en algún momento, hemos deseado que efectivamente la vida fuese un sueño para poder despertarnos de ella.

Sobre todo con el amor.

El Alma Condenada sabe del amor. Sabe sobre todo que ella no puede amar a aquellos que no la aman. Gustar, desde luego, colgarse, también, pero amar... amar hasta que duela, hasta el paroxismo de la existencia, hasta que desees morir antes que verlo fallecer, eso no puede hacerlo. No si no es correspondida, pues el amor del Alma Condenada es como una llama o una flor, que si no se la alimenta no crece.

Pero son pocos los que pueden albergar el intenso y quizás excesivamente encadenante amor del Alma Condenada. Y tiene su riesgo. Un doble filo.

Una amante dijo una vez a su amado "Mi amor es la medida de mi odio. ¡Sabes cuanto te odio!". Tal cual leído, tal cual aplicado. Sólo si representaste algo para ella, o aún lo representas, sólo si ocupaste un hueco en los sentimientos del Alma Condenada, sólo entonces, podrás ser odiado por ella. Odiado con todas sus letras. Para aquellos que no le importan aplica el desprecio, el desdén, la indiferencia.

Para aquellos que ama, el odio.

Porque del uno al otro hay una línea muy fina haciendo de frontera. Y el sabor de la venganza es dulce, muy dulce... y por ello los maldice alzando sus ojos hacia la Luna, su protectora. Los maldice con sangre y los maldice con dolor. Uno ya empezó a sufrir los efectos. Veremos cuanto tarda en sufrirlos el segundo. La magia del Alma Condenada viene de la Naturaleza, no es buena ni mala, y sabe que siempre hay un precio. Esta vez, está dispuesta a pagarlo. En parte, lo ha pagado ya. Le han roto su rubí y sus sueños, y por las leyes de la magia tiene derecho a una venganza.

Y aunque vuelve a suspirar sobre el acantilado, esta vez sabiendo que de nuevo es libre sin desearlo, sonríe. No está sola, y nunca más lo estará.

El rubí es fuerte, se rompe pero regresa. Y reluce lleno de poder.

A la lobo se han unido más criaturas. Ahora sus compañeros lupinos son más, una nueva ave ánade se une a sus apreciados alados, y también se acercan otros, aún no está claro qué cuerpos portan, pero sí que son sus amigos. Y eso, ella no lo cambia por nada.

Que comience la cacería.



domingo, 7 de septiembre de 2008

Mil fragmentos de rubí



Cuentas las historias que el Alma Condenada jamás se redimiría, pues de ahí le venía su nombre. Sin duda no hay peor terquedad que quien no quiere la redención, pero también es cierto que no hay nada peor que quien intenta mil veces salvarse y no puede.

Hoy igual que ayer, y ayer igual que antaño, el Alma Condenada salió imprudentemente de su reino. Dejó atrás las puertas del cementerio y las lápidas enmudecidas para deambular por la realidad mortal, con sus almas amigas que la quieren. Más nunca aprende que cada vez que sale, es susceptible de ser herida.

Regresó con un brillante rubí incrustado en su pecho y un juguete en su mano izquierda.

Con velos negros abrazando su frágil cuerpo cual niebla de seda y sus largos cabellos mecidos por el viento, hubiera parecido la misma de no ser por sus ojos. Opacos, doloridos... vacíos. Algo le había sucedido, una tristeza que sus ojos delataban y que nadie podría haber borrado.

Descalza, caminaba, una alfrombra de hojas secas crujía a su paso. Su mirada perdida, extraviada, bogaba por insondables mundos de desdicha, porque los sueños que portaba esta vez no eran olvidados, si no rotos. Durante su vagar, se iba arrancando el rubí. Unas veces, de manera indolente, casi inconsciente, otras con furiosa rabia, algunas con una caricia temblorosa. Y el destino del rubí siempre era el mismo: acabar hecho pedazos arrojado por la mano del Alma Condenada. Pero en vano se esforzaba ella, pues la joya siempre reunía en el aire sus fragmentos y se ensamblaba de nuevo en el hueco de su pecho, que le correspondía como hogar y que ella tanto intentaba dejar vacío.

Cansada del juego, miró al juguete. Era una linda muñeca de cara de porcelana, blanca como la nieve y labios rojos cual vino oscuro. Bajo sus largas pestañas negras destacaban dos ojos increíblemente vivos, castaños y profundos como simas de la tierra. Sus cabellos eran oscuros, lisos y suaves, los llevaba sueltos. Iba vestida con un exquisito traje en miniatura de color negro y burdeos, adornado en plata. Pero la bella obra de arte estaba rota, finas grietas lo demostraban como una delicada red de araña sobre su porcelana.

El Alma Condenada acunó a la muñeca con expresión ausente, tarareando para sí una canción por ella inventada...


"You leave me...
Leave me in a corner,
leave me in a dark hole,
you buried me, forgotten,
I am just a broken doll
throw under the sad rain...
surviving in her frozen world..."



Caminando vacilante, canturreando en voz baja, meciendo su cuerpo y con él al juguete, se alejó sumergiéndose en su reino...

Pero ha dejado abiertas las puertas de su cementerio.


domingo, 17 de agosto de 2008

Espectación



Si en mis manos estuviera el reloj de arenas de coral que maneja el tiempo del mundo, piensa el Alma Condenada, esta lápida no la tallaría jamás. O quizás sí.

Porque corto o largo, el lapso que dura la consecución de tu deseo se ve impregnado por este sentimiento.

¿Cúan dulce es, y cúan desesperante?

Con los nervios a punto de estallar, el corazón se desboca de sólo pensar en lo poco que falta para poderlo lograr.

¡Oh, inquieta espectación!




¡Ya no puedo aguantar más!
La espera me está matando
cuando sé que pronto llegará
lo que tanto he deseado...
¡Por fín se cumplirá!

Incapaz de estarme quieta
corro con mi vestido al viento,
y por todo mi castillo
se respira un aire quieto
en el tiempo detenido.

Y sintiendo que se acerca
vuelo hasta la entrada
donde mis ojos alerta
otean el horizonte,
mirando fijamente la senda.

¡Ah, profunda expectación!




(Cuando sientas tu corazón latir deprisa, cuando sientas tu respiración más veloz, es que llega lo que tanto deseaste y este sentimiento ha besado tu alma y tu voz...)


lunes, 4 de agosto de 2008

Anhelo



El Alma Condenada es descubierta por los ojos de las hadas bailando bajo la luz lunar. Su danza es alegre y enloquecida, coreada por risas tintineantes y argénteas que reflejan su ánimo encendido.

A su alrededor revolotean los espíritus, siguiendo sus pasos, bailando con ella, cubriendo su cuerpo desnudo con suaves telas vaporosas gris plata y turquesa.

Un fuego cálido como un atardecer de estío brilla en su corazón.

Tú, poderoso sentimiento, que prendes y nos haces querer más, esperar, desear.

Tú, implacable anhelo, deliciosa y torturante espera.

Una nueva inscripción tallada en este cementerio.








Suave, cálido y puro,
sentimiento primigenio,
porque todos al nacer
lo primero que sentimos es anhelo.

Anhelamos amor, protección y alimento,
anhelamos salud, vida y objetos,
anhelamos amigos, aventuras y sueños,
anhelamos tantas cosas... que al final, nos perdemos
y olvidamos que lo necesario
es tan poco en realidad...

Cuando quieres algo, esa espera,
el tiempo que aguardas para cumplir tu deseo.
Porque así es esta emoción:
es querer, esperar, aguardar y desear.

Tú, desde tus altas torres.
Yo, desde mi cementerio.
Clavamos la mirada en el horizonte,
contando uno a uno los segundos
de la espera que queda,
viviendo en el aguardar,
deseando,
queriendo,
anhelando.




(Es una dulzura cruel esa espera entre nuestro deseo y su cumplimiento, pero sin ella no valoraríamos realmente los deseos que obtenemos...)


domingo, 27 de julio de 2008

Frío y oscuridad



No, no es posible, no puedes ser tú, no puedes estar ahí en carne y hueso, mirándome sonriente y esperando a que te salude.

No puede ser, los dioses me juegan una mala pasada. ¿Tú aquí? ¿En esta tierra que es de los dos y a la vez de ninguno? ¿A qué has venido? ¿Y por qué tuvimos que encontrarnos?

Pareces buscar mis ojos... ¿Es que acaso notas que desvío la mirada? No creo que te preguntes por qué, tú lo sabes mejor que nadie, o deberías saberlo.

Tu voz se dirige a mí, preguntando, comentando, pero las respuestas son pocas y breves. ¿No lo sientes? Qué pena.

Quizás estoy paranoica, quizás es mi mente desconfiada en perpetua alerta, pero tu comportamiento da la sensación de que buscas que te mire, te hable, reconozca tu presencia, que te preste atención.

¿Que te sonría, quizás? ¿Una sonrisa verdadera?

Lástima.

Ya no queda sitio para la tranquilidad, ya no queda sitio para la calma, y casi no hay hueco para la paciencia. Mi frialdad ha entrado en escena por la puerta grande para ignorarte por el bien de mi frágil cordura y de mi corazón vulnerable y traidor, que aún se acelera al sentirte.

Frialdad recibí de tí cuando más te necesité. Rechazo me hiciste notar cuando más clamaba por un simple abrazo tuyo.

¡Simplemente deja de herirme! ¡Es lo único que te pido ahora!

Antes podía comprenderte, podía entenderte, podía mirarte a los ojos y saber. Y ahora ya no puedo y no entiendo que buscas haciéndome esto, después de que fui sincera contigo. ¿No puedes serlo tú también?

Hasta que no lo seas, seguirán creciendo.

La oscuridad en mis ojos y mi furia de hielo.




lunes, 21 de julio de 2008

Contigo, sin tí







Mírame,
hoy no quiero pedir perdón,
el silencio lo pongo yo,
sólo voy a escuchar.

Porque al hablar
reconozco tu frialdad,
eso es algo ya familiar
aunque lo negarás,
lo sé...

Y si tengo la oportunidad
pediré un poco más,
de tu atención.

Ya lo ves,
no sirvo para odiar,
no me canso de esperar
un poco más.

Contigo viviré
esclavo de mis dudas,
sin tí regresará
mi mundo de locuras.
Contigo olvidaré
fantasmas del pasado,
sin tí me perderé
si no estás a mi lado.

Si tú no estás....

No encontré
un motivo, una razón,
que le sirva a tu corazón,
no lo puedo calmar.

Hay un mal sabor
que nos deja esta discusión,
no me importa cual fue el error,
yo no quiero seguir así...

Intenté
no ser tu perdición,
y si duele no fuí yo
quien ofendió.

Ahora bien,
si tengo que rogar
esta es la oportunidad
para empezar.

Contigo viviré
esclavo de mis dudas,
sin tí regresará
mi mundo de locuras.
Contigo olvidaré
fantasmas del pasado,
sin tí me perderé
si no estás a mi lado.

Contigo acabaré
por desecharlo todo,
sin tí me hundiré
ahogado en este lodo.
Contigo alguna vez
me sentiré atrapado,
sin tí ya no tendré
todo lo que me has dado.

Si tú no estás...
No me quedaré...

Si tú no estás.

No quiero seguir así...
No....

Si tú no estás...
Si tú no estás...
Si tú no estás...

Me perderé...



(O eso era lo que creía... pero aunque una parte de mí siga extrañándote, he aprendido... que puedo vivir sin tí...)

jueves, 10 de julio de 2008

¿Por qué tú?



Nadie podía alcanzarme
Nadie podía vencerme
Alzándome sola en mi reino de soledad
Escarcha y oscuridad, veneno y silencio
Y me gustaba, mi ser demoníaco

Pero nunca había visto un alma como la tuya
Brillante como nada que hubiera conocido
Una nueva estrella dando calor a mi vida
Tan preciosa, tan radiante, tan dolorosa
Y la necesitaba, mi ser demoníaco

Así que te busqué, mi tortura
Y la luna me mostró tu rostro
Las aguas susurraron tu nombre
Los vientos me trajeron tu olor

¿Qué puedo hacer, oh, qué puedo hacer?
Si eres el único
Al que no puedo mirar?

Podrías haber tenido cualquier rostro
Cualquier otro nombre, cualquier otro olor
Podrías haber sido cualquier otra persona
Pero tú, oh, tú, ¿por qué tú?

Intenté apartarte de mi camino
Intenté vencer a este maldito destino
Pero no hay hielo que pueda enfriar tu sonrisa
Y me gustas, mi ser demoníaco
Y te necesito, mi ser demoníaco

¿Qué puedo hacer, oh, qué puedo hacer?
Si eres el único
Al que no puedo mirar?

Podrías haber tenido cualquier rostro
Cualquier otro nombre, cualquier otro olor
Podrías haber sido cualquier otra persona
Pero tú, oh, tú, ¿por qué tú?

Podrías haberte desvanecido,
podrías haberte quedado en las sombras,
podría haber fingido olvidarte,
pero tú, oh, por qué no me dejas dejarte?

Por qué,
por qué,
por qué
por qué tengo que seguir amándote?


(Letra robada a Chris Tara, personaje de las "Crónicas de Idhún", y modificada por esta Alma Condenada...)

sábado, 28 de junio de 2008

La prisión y la llave



Acercaos, tomad sitio junto a nuestra hoguera y escuchad los fragmentos de cuentos inconclusos. Hoy vengo a contaros una de esas historias.

Corría el suave viento de invierno cuando el felino llegó a los acantilados. Él venía de las cálidas Islas Estivales, y a pesar de conocer bien a la Terra de Meigas no dejaba de fascinarle su clima, su forma, su vida. Fue sobre los acantilados que se encontró con la lobo. Estaba sentada sobre sus ancas, mirando al cielo con una expresión pintada en sus ojos miel que encogía el corazón de tristeza y nostalgia. Su largo pelo revoloteaba hacia atrás por culpa del viento.

El felino se acercó a ella y se sentó a su vez.

- ¿Qué haces aquí sola?- preguntó.

- Esperar.- fue la respuesta.

- ¿Y qué esperas?-

- La libertad en la condena, la liberación en las cadenas que más fuerte atan.-

- ¿Acaso estás prisionera?-

- Sí, y ésta es mi prisión.-

- Pero no hay muros, ni ataduras. Eres libre de marcharte cuando quieras.-

- No, no lo soy.-

- ¿Pero qué es lo que te encierra?-

- Estoy presa en una cárcel
más alta que el orgullo,
más profunda que el dolor,
más fuerte que la esperanza,
más impenetrable que el secreto,
más encadenante que la responsabilidad,
más duradera que el tiempo,
más frágil que el cristal,
más irrompible que el metal,
más hermosa que la belleza,
más terrible que la crueldad,
más helada que la Luna,
más ardiente que el Sol.-

- ¿De qué estás prisionera?-

- Del Amor.-

- ¿Y cómo puede el amor retenerte en la cima de estos acantilados, mirando al mar con añoranza?-

- Porque mi amor alzó el vuelo sobre las aguas, y ascendió hasta donde yo no podía seguirle. Hubiera nadado por él, pero no me lo permitió. A veces, puedo verle aletear por los cielos desde aquí.-

El felino se sentó y contempló el mar a su vez. Con una sonrisa, volvió a mirarla.

- Y no podría yo convencerte de que dejaras tu prisión... ¿sólo por hoy, unas horas?-

- ¿Qué llave ostentas para pedir eso?-

- La llave que abre todas las puertas,
certera como el rayo,
duradera como la eternidad,
reluciente como el diamante cuando es pura y verdadera,
la llave que abre las cadenas
del amor y la condena,
la llave de la esperanza,
la Amistad.-

Dicho esto, el felino se levantó y brincó unos metros. Y la lobo, con una tímida sonrisa, lo siguió. Sólo por un rato, pensaba. No puede hacerme daño. Me vendrá bien.

Entonces, su manada la rodeó, la princesa canina le dirigió una dulce risa, el pájaro de fuego revoloteó acompañado por el dragón grulla sobre su cabeza, el cuervo graznó en su hombro y el lobo de ojos claros le acarició el cabello con su pata. Así salió la lobo de su prisión autoimpuesta y supo que fue una necia por no darse cuenta de que no estaba sola.

A veces, muy pocas, regresa a su celda en los acantilados y otea el horizonte. Porque no puede evitar las cadenas que la unen a ese recuerdo, sí, ya sabe que es sólo un recuerdo y su Amor ya no existe pues ya no es él, pero la esperanza la empuja.

Y siempre que tarda demasiado en volver de los acantilados, alguien va a buscarla.

Porque no está sola.



(Aquí concluye este fragmento, pero la historia aún se sigue escribiendo...)




lunes, 9 de junio de 2008

Amistad




Era una cálida noche de principios de verano. Los lobos descendieron a la ciudad para mezclarse con la multitud, ver a sus amigos de otras razas y entretenerse.

Pero las cosas habían cambiado, y el que otrora fue refugio y hogar para varios de los de su especie ahora era un lugar hostil, donde una de los lobos se sentía (y era) acorralada por viles humanos.

Ninguno del clan se encontraba a gusto allí.

Cuando un miembro del clan fue molestado, y la lobo aún más acorralada, decidieron que era el momento de que el clan se fuese. Allí ya no les quedaba nada, nada que los incitase a volver.

Y la manada huyó, escapó paseando bajo el cielo nocturno, riendo entre ellos, aullando a la Luna. Treparon por las rocas a riesgo de quebrarse para llegar junto al mar, que les regalaba la mejor música que podían desear. Desafiaron a la oscuridad con sus ojos y las luces los iluminaron. Un canto se extendió sobre las aguas cuando la manada saludó a la noche desde el que realmente era su reino: la naturaleza.

Y la lobo, recordando momentos parecidos con otros compañeros (la cánida y el lobo de ojos claros, el pájaro de fuego, el dragón grulla, el felino de afilados colmillos e incluso, en otros tiempos, el águila solitaria), aulló exhultante por el sentimiento que los unía a todos en esos concilios, en esos encuentros: amistad.

Dedicado a mis compañeros de clan, a mis hermanos, a mis amigos, vosotros sabéis quienes sois. Os quiero.





Tan simple como una mano tendida,
como alguien que escucha en silencio,
como una presencia reconfortante,
como el arriesgarse a todo por otros,
como el no dejar que se rindan,
como el iluminar el camino cuando está oscuro,
como compartir tristezas y risas,
como pelearse duramente y luego perdonarse en serio,
como un hombro sobre el que llorar,
como sugerir sin imponer y criticar sin dañar,
como no ofender ni humillar (nunca hay razones para algo así),
como cobijar las lágrimas en un abrazo sincero,
como creer en los demás,
como querer y comprender,
como respetar,
como amar.

Eso es la Amistad.




(Los amigos de verdad no son los que están ahí para reír contigo, si no los que vienen cuando los necesitas y tu corazón los llama...)



jueves, 5 de junio de 2008

Deseo


El Alma Condenada danza bajo la Luna. Un espíritu indómito hoy la anima, y las músicas de su tierra natal, compuestas de viento susurrado y cabellos acariciados, de magia y eras pasadas, la incitan a bailar vestida con su prístino traje blanco de luz lunar.

Siente. Disfruta. Se adentra. Hoy quiere divertirse con sus tres amantes.

Porque el Alma tienes tres amores eternos que sólo poseerá en tanto todos los puedan tener. Jamás podrán ser exclusivamente de ella, pero lo comprende, lo acepta y aprovecha cada momento que pasa con ellos, que no son pocos.


Sosteniéndola, la primera de los tres. Es una casta joven de vestido verde y capa gris plata, con curvas bien definidas y unos brillantes cabellos azules que adorna con perlas blanca y una diadema arenosa de oro. Nunca se cansa de mirarla. Nunca se cansa de quererla. Su primera amante se llama Galicia.


Acariciando sin rubor su cuerpo entero, el segundo. Resulta difícil describir su forma, su aspecto, pero sí sabe que su tacto es ligero y sutil, a la vez que contundente, y fluye entre sus manos. Viste de azul, de turquesa, de gris tormenta, de verde, de negro e incluso de ningún color. Su caricia es eterna. Su abrazo constante. Su segundo amante se llama Agua.


Desde una leve distancia, el tercero. Extasiante, tan danzarín como ella, impetuoso, casi irrefrenable cuando inicia, imposible de tocar. La arropa, la roza, con besos tan ligeros como el aleteo de un ave nocturna. Él se atavía con oro, con rojo, carmesí, violentos anaranjados, amarillos y un único zafiro cuajado de estrellas blancas en su centro. Cálido. Su tacto prohibido. Su fulgor derrota las tinieblas. Su tercer amante se llama Fuego.

Y es éste último el que la llena e inunda, porque su interior está en llamas y se transmite a su cuerpo. Son las llamas ocultas, los susurros del deseo.






Instinto, pasión, sacrifio convenido,
música veloz, rasgada, atormentada,
mi cuerpo ya no puede parar esta danza,
velas que no iluminan
oscuridad cómplice y desgarrada,
dos pieles que se rozan,
dos fuegos que se prenden,
dos almas entregadas al placer,
no pienses, siente,
no razones ahora, ¡no ahora!

Fluye la sangre, luna llena,
se disparan las emociones,
dientes clavados en carne palpitante,
manos que exploran un territorio oculto,
sensualidad, penumbra carmesí,
estallido, inconsciencia, desvanecimiento,
morir para resurgir,
descender a los abismos
para subir al cielo,
ardiente estío eterno.

Cómo resistirme a tu embrujo, cómo resistirme a tu llamada, hada Lujuria, amado Deseo.



(Una de las pocas batallas en las que la derrota es dulce y se comparte la victoria...)

martes, 27 de mayo de 2008

Adiós



Adiós, palabra dicha.

Adiós, palabra perdida,
sin ninguna esperanza de volver.

Adiós, cuanto duele
sincerarse y mostrar la verdad.

Adiós, ya todo ha sido dicho,
ya no hay dudas sobre el final.

Adiós, sólo eso puedo decirte,
pues si te sujeto una vez más no te podré soltar.

Adiós, el fin de un sueño
que jamás sería real.

Adiós, esa difícil palabra
que a todos nos cuesta decir,
que guardamos en el fondo del alma
por esperar un reencuentro,
por creer en un "hasta luego".

Adiós, yo ya nada espero,
yo fui quien lo dijo y se condenó.

Adiós, el daño ya existía,
la culpa nadie la tuvo.

Adiós, qué cruel elegía,
despedida definitiva.

Adiós, el tiempo se ha ido,
el tiempo al que no se puede volver.

Adiós, yo no vuelvo la vista atrás,
para no tener que ver que tú no me detendrás.

Adiós, adiós por siempre, a tí renuncio por completo. Quiero que seas totalmente libre de mí, ahora sabes la verdad, ahora ya no puedo rectificar. Ojalá no me arrepienta de esta difícil decisión, ojalá seas inmensamente feliz, y también alcance yo esa dicha.

Me hubiera gustado pasar más tiempo contigo.

Pero ya no va a ser posible.

Y sólo queda mi susurro, eco de muerte, reflejo de determinación.

Adiós, amor, adiós.



(El fin del ciclo quizás haya llegado, ahora sólo queda asimilarlo y seguir hacia delante...)

jueves, 22 de mayo de 2008

Ni lo intenté quizás...



A veces, en los muros de los muertos quedan escritas palabras que no se dijeron a tiempo. Palabras que perecieron por no ser pronunciadas, y por eso habitan cementerios olvidados.


¿Acaso es mejor decirlas? ¿O que fallezcan? ¿Qué pueden desencadenar?

El Alma Condenada ni tan siquiera llora al leerlas. No sabe si se arrepiente o fue lo mejor. Hoy no está precisamente triste, pero siente una opresión en el pecho y fuego en los ojos, preludio de la tormenta inminente, y en su mente danzan macabras imágenes de desgracia funesta, en las que mata y ríe y es bañada con la sangre de aquellos a los que ella misma despedaza.

Se ha dado cuenta... ¿o quizás siempre lo supo?, que no es capaz de amar si no es amada. A su corazón no le hace sufrir la distancia ni la separación si no fue ni es amada, porque en ese caso ella tampoco ama como puede llegar a hacerlo.

¿En qué la convierte eso?

El águila que una vez la amó voló lejos para no regresar. Con ella se llevó todas las lágrimas, dedicadas tan sólo a su persona.

El felino que tendió sus garras para ayudarla a levantarse no logra hacerlas brotar, porque no se permite sentir.

Y el Alma Condenada tiene demasiado miedo a que vuelvan a destrozar su corazón. Tiene miedo a volver a entregarse, pero tiene aún más miedo a no volver a ser amada. Porque ello significará que ella no volverá a amar.

¿Debió decir estas palabras? ¿O dejar que se inscribieran en los recovecos de su dominio?




Nunca se me dio demasiado bien
poner las cartas sobre la mesa.
Nunca se me dio demasiado bien.
Y ahora nos volvemos a encontrar y me preguntas qué tal me va.


Quisiera ser capaz de decir la verdad,
decirte que me va realmente mal.
No te logré olvidar, ni lo intenté quizás.
Quisiera ser capaz, mirarte y no temblar,
decirte que nadie me volvió a besar.
No te logré olvidar, ni lo intenté quizás.


Y en lugar de eso sonrío y tiemblo,
y te cuento que ya acabé la facultad,
me puse a trabajar y me volví a enamorar.

Y en lugar de eso sonrío y pienso
por qué no seré capaz de decir la verdad.
Te pierdo una vez más.


Quisiera ser capaz de decir la verdad,
decirte que me va realmente mal.
No te logré olvidar, ni lo intenté quizás.
Quisiera ser capaz, mirarte y no temblar,
decirte que nadie me volvió a besar.
No te logré olvidar, ni lo intenté quizás.


Y ahora me quedan dos opciones:
quedarme quieta o echar a correr.

Y me pongo a correr,
ya que puedo perder,
verás es que no me va demasiado bien.
No te logré olvidar, ni lo intenté quizás.

Y me pongo a correr,
ya que puedo perder,
verás es que nadie me volvió a besar.
No te logré olvidar ni lo intenté quizás.

Y ahora ya te toca a ti acabar con esta historia,
y ahora ya te toca a ti decir las cosas.
Pon un punto y final o bésame sin más.

Y ahora ya te toca a ti, no vale callar,
esta vez no volveré a perderte una vez más.
No me voy a marchar sin saber el final.

Nunca se me dio demasiado bien
poner las cartas sobre la mesa,
nunca se me dio demasiado bien.

Y ahora nos volvemos a encontrar
y me preguntas que qué tal me va.
Y yo ya no sé, ya no sé ni que contestar.


(Mala canción con una gran letra, que quisiera haber dicho en su momento y ahora se desvanece en la niebla del sinsentido...)


martes, 29 de abril de 2008

Si amaneciera...



Hace mucho, mucho tiempo, un lobo tuvo un sueño. Un bello sueño.

En sus sueños, el lobo corría libre por los bosques, cazando y viviendo en libertad. Y junto al lobo iba un águila que volaba muy alto en el cielo, radiante como el sol. El ave siempre le acompañaba, y el cánido siempre corría lo más veloz posible para nunca quedarse atrás.

En sus sueños, siempre estaban juntos.

Cada noche, el águila cubría al lobo con sus alas de manera protectora, dándole la paz que el lobo precisaba cuando se agotaba corriendo. Cada día, el lobo llevaba al águila en su lomo brindándole el apoyo que el águila necesitaba cuando se cansaba de volar.

Era su sueño, y era hermoso.

Los ojos color miel del lobo contemplaban con anhelo al águila cuando ésta reinaba majestuosa en el cielo. Los ojos verdes y pardos del águila miraban con anhelo al lobo cuando éste bailaba con su manada en los cánticos a la Diosa Luna.
Juntos, se ahogaban en la mirada del otro, oro contra esmeralda, pupilas de azabache, visión de depredador.

Juntos.

Pero la noche eterna no existe, y el alba cruel trajo consigo el despertar.

El despertar, la muerte de los sueños.

Y el lobo aulló a los cielos de la realidad la canción reservada al águila que sólo habitaba en sus sueños.






(Si el reino de los sueños muere con el alba, no quiero ver amanecer...)

jueves, 17 de abril de 2008

Rabia



En una lápida ya tallada el Alma Condenada habló del odio. Hoy escribe acerca de su hermana la rabia, clavando duramente sus garras ensangrentadas en la fría piedra. Fría como su furia. Fría como sus ojos. Fría como su corazón ahora mismo.

La rabia es distinta del odio. La rabia es un estallido de furia y de dolor, de energía mancillada sin un objetivo claro, a diferencia del odio, que se enfoca en algo alguien.

El Alma Condenada siente rabia. Y cuando piensa en la incompresión sufrida al explicar sus sufrimientos, siente aún más rabia.

Porque está harta de que le digan lo que necesita oír, y no lo que realmente quiere escuchar.

Cuando la rabia estalle, la sangre manará. Y por una vez, no va a ser la suya.





Te escondes, ¿verdad?
oculta tras tu paciencia,
¡cobarde!
Es tu debilidad,
el fingir, tu mayor ciencia.

Si eso es lo que deseas en realidad,
si lo que quieres es herirlos a conciencia,
¡máscara de falsedad!
Imita su lengua bífida, enmula su frialdad,
sabes que no hay otra manera.

¡Hazlo, ellos no deben importar!

¡De acuerdo!

¡Sabes que como eres nunca te aceptarán!

¡Muy bien!

¿Para qué ahogarme en mi sufrimiento,
cuando puedo deleitarme haciendo sufrir a los demás?


(Un día el miedo se acabará, y entonces saldrá la bestia...)

domingo, 6 de abril de 2008

Como a nada ni nadie...



El Alma Condenada se esconde entre las estatuas de los ángeles. Nadie debe oírla. Nadie debe verla. Porque se esconde para llorar, y eso es algo entre ella y su soledad.

Su llanto es rabia. Su llanto es tristeza. Su llanto es amor, y sueños desvanecidos.

Pero no busca compasión. Ni comprensión. Sólo desea, anhela, ruega. Ni ella misma entiende que su sentimiento sea más fuerte que su razón, pero es así, y debe cargar con ello.

Y en su interior, piensa que ojalá el águila que un día voló lejos comprenda lo que pretende transmitirle. Son palabras egoístas y pretenciosas, y ni siquiera son suyas, pero son las que su corazón le grita porque, realmente y como a nada ni nadie, lo amó.

Inscripción robada a otro cementerio secreto, donde hace tiempo también se lloró por sentimientos.



Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido, desengáñate...
¡así, no te querrán!




(Restos de una rayada melancólica y de retazos de sueños, no sabría decir si recuerdos o proféticos...)



miércoles, 2 de abril de 2008

Máscara de piel



Hoy vuelvo a quedar. Como otras escasas veces. Intento llegar puntual, pese a que no es mi fuerte, pero creo que es importante en esta ocasión, igual que lo fue en anteriores.

Y aparece. El extraño me saluda con una sonrisa de confianza grabada en esa máscara que lleva. Reprimo los impulsos de arrancársela y le devuelvo la sonrisa. Es adorable lo hipócrita que puedo llegar a ser, yo, que normalmente echo pestes de la falsedad. Mi saludo es tan entusiasta como siempre, quizás menos cálido. Hago la broma que vengo haciendo últimamente y que no sé hasta cierto punto cuanto tiene de broma.

Este extraño camina junto a mí, mostrándose muy cómodo con su disfraz de carne y hueso envuelto en epidermis. Casi podría creérmelo. Lo miro de reojo un segundo, comprobando que al menos su atuendo es diferente. Tampoco su cabello es el mismo. Una pena.

Vuelvo a poner mi mejor carita hipócrita mientras le doy conversación, intentando mostrarme amable y agradable. Pero hay una parte de mi cuerpo que no está conforme, y el puñal indisciplinado que habita en mi boca (ergo, mi lengua bífida) suelta el primer veneno. Es cuestión de tiempo que salgan más.

No sé si el extraño llega a captarlos todos. Algunos me los devuelve, pero no alcanza ni la mitad de saña que yo al mandárselos.

Sigue junto a mí, con su disfraz y su máscara. Pero sé que no es él.

Detrás de esa cara robada ahora habita un extraño.

Y mientras me despido, cierro los ojos un segundo cuando me abraza, para respirar su aroma y sentir su calidez. Incluso eso ha tomado, y por un segundo la farsa me engaña.

Pero durante todo este tiempo no he podido dejar de preguntarme en mi mente... sangre y piel, carne y hueso, el disfraz más perfecto no deja de ser el propio cuerpo...

¿Quién eres, desconocido?


miércoles, 5 de marzo de 2008

Sola en el olvido



Frío vacío, resignación, vivir por vivir... ¿qué hacer cuando sientes que no eres necesaria? ¿Cuando piensas que si te marchases, realmente no dejarías un hueco? ¿Cuando juraste esperar por siempre a alguien y ese alguien no existía? ¿Cuando ese alguien nunca volvió, y lo esperaste en el olvido, apartada y sin nadie a tu lado? ¿Cuando tiendes una mano y nadie la recogerá, sólo acariciarás las oscuras aguas que te envuelven?

¿Qué hacer cuando te sientes tan sola?

Entregaré mi cuerpo a mis dos amantes infieles... amado mar, tú me quitarás la vida con tu abrazo, amado fuego, tú consumirás mi cuerpo inerte con tu caricia. Y que mis cenizas se las lleve el viento.





(Lloro cada vez que oigo esta canción... yo también me quedé esperando en el acantilado, sin saber realmente a quién, y allí sigo a día de hoy...)




miércoles, 27 de febrero de 2008

Melancolía



Alma silenciosa, ¿por qué hay lágrimas en tus ojos?

Porque veo imágenes, momentos, lugares que no volverán.

Alma silenciosa, ¿por qué hay una sonrisa en tus labios?

Porque mis recuerdos son míos y son felices, porque no vivo sólo de ellos y miro al futuro.

Alma silenciosa, ¿por qué esculpes esta nueva elegía?

Porque mi corazón la escribió hace tiempo, como todas las demás, y ahora la inmortalizo en piedra.

Alma silenciosa, ¿qué es este sentimiento tuyo?






Melancolía.

Sabores de ayeres, risas infantiles,
un paseo a medianoche por los canales de Venecia,
suaves colores.

Aroma a pan recién horneado, descansar un segundo,
volver la vista atrás para ver el camino recorrido,
tarde de otoño.


Un viejo álbum de fotos donde reconoces antiguas caras,
algunas ya casi las habías olvidado,
otras siguen contigo.

Atardeceres a la orilla del mar
desde playas alejadas que no volvieron a ser las mismas,
calles ya recorridas.

Un viejo conocido,
un dulce dolor, una herida inexistente,
un sueño desvanecido.

No es tristeza, no daña,
no es alegría entusiasmada,
es una dulce calidez,
la que desprende la melancolía.



(A veces es bueno caer en la nostalgia, siempre y cuando avances sonriendo hacia el futuro)