Toda historia tiene un principio...


... y esta aún no ha llegado a su final.

Pero para entender el Ahora, debes conocer el Ayer.

En esta crónica plagada de claves, de secretos, de metáforas, simbolismos y sueños, sólo quienes comiencen el viaje desde el mismo punto en que se inició lograrán comprenderlo.

Toda historia tiene un Principio. Comiénzalo.




miércoles, 12 de abril de 2017

Sueño extraño



Algo vibra en el aire. La Sombra del Trovador lo nota y persigue la sensación a través de los empedrados caminos del Cementerio. Hoy hay plenilunio y no se ven las estrellas en el cielo ultramar.

Como no podía ser de otra forma, acaba llegando al corazón del reino, a la confluencia de los caminos rodeada por la arboleda sagrada. Allí donde se levanta el Árbol de las Esferas, y bajo él el Epitafio.


Yo, Alma condenda está sentada en el catafalco blanco, con la mirada perdida en una visión desconocida. A su alrededor, flotan mágicas burbujas que rielan con la luz de las velas y de la Luna. La Somrba del Trovador las contempla: figuras desvaídas aparecen en ellas como misteriosos reflejos, o como bolas de cristal encantadas. 

Algunos de los personajes están muy borrosos, pero él puede reconocerlos a todos: cada una de las burbujas muestra una criatura que alguna vez pasó por el Cementerio. Conoce sus retratos, aunque los colores parezcan desteñidos, aunque haga siglos que se marcharon. Y recuerda el tiempo que tardó el Alma condenada en aprender a aceptar que nadie se quedaba, y que incluso ella tuvo que  irse de algunas vidas para siempre.



El caprichoso revoloteo feérico de las burbujas no le impide llegar hasta ella, vestida de blanco. Está pensativa, y su rostro refleja la más pura sorpresa.

"¿Por qué?" susurra al fin, aún con la sorpresa pintada en sus pupilas. "Después de tanto tiempo, de tantos giros de Sol... ¿por qué ahora aparece en mi sueño?"

La Sombra del Trovador se estremece mientras las palabras calan hondo en su esencia. Cree saber a lo que se refiere...

"¿Por qué he soñado con tu rostro?" inquiere, curiosa, mientras posa su mano en su rostro fantasmal. "Ha sido extraño..."

Su rostro. El rostro del águila que voló lejos. El rostro que ella no esperaba volver a ver jamás. De reojo, mira el Epitafio. Siempre ha sido una tumba tranquila, un Recuerdo que poco a poco se durmió en el Rubí como un dulce viento de verano.



Él tampoco entiende que se le haya aparecido en sueños después de tanto tiempo. No sabe lo que su mente le intenta transmitir. ¿Un recuerdo alegre? ¿La prueba de que fue, y sigue siendo, capaz de enamorarse? ¿La señal de que añora algo a lo que no puede poner nombre? 

Pero el Rubí ya no está....

Y entonces lo ve.

En el pecho de Yo, Alma Condenada, está brotando un diminuto granate, perfectamente pulido, como una gota de sangre.

Quizás su mente le susurra que es tiempo de renovación. Quizás quiere recordarle que el amor no siempre hace daño. O la inocencia de aquel tierno amor.

Sea como fuere. es algo extraño, pero no malo ni doloroso. Sólo extraño.

Y sólo el Tiempo sabrá.



(Que pase una vez puede ser casualidad, que pase dos.... es un mensaje de mi subconsciente, pero sigo sin tener claro cuál...)

lunes, 2 de enero de 2017

Giro Solar

- ¿Un año ya? Vaya....- suspira Yo, Alma Condenada, con una pequeña sonrisa.- A veces parece que haya pasado mucho más tiempo.... parece tan lejano.... como los sueños al despertar...-


La Sombra del Trobador asiente, inseguro. Hoy no es un día como los demás. Hoy es la confirmación de la más abyecta de las cobardías, de la mentira más descarada. Y no quiere verla herida. No de nuevo.

Sin embargo, ella no parece afectada. Su sonrisa es triste, su pelo se agita melancólicamente al viento, pero... parece en paz. como si su tristeza proviniera de otras simas, igualmente profundas. Viste de blanco puro, y eso no es habitual. No en épocas de lamentación.


- Realmente... ¿ya no te duele?-

- Por supuesto que aún duele.- es la sonriente respuesta.- Y más hoy. Recuerdo, más que nunca, lo que sentí.- dice alzando esos ojos caleidoscópicos hacia la gigantesca, sobrenatural Luna Llena que hace de Sol al Cementerio.

Él avanza unos pasos hacia ella, dubitativo, contemplando su perfil. Le parece hermosa, siempre se lo ha parecido, pero hay algo en ella... no distinto, sólo más profundo. Arrugas de sabiduría. Marcas de mayor dureza. Gotas de cinismo. Destellos de armonía interna.

- Esa sensación tan cruel... ese cuestionamiento... ¿por qué fue tan fácil deshacerse de ti? ¿Por qué fue tan sencillo arrojarte sobre el hombro y no volver si quiera una vez los ojos atrás? Te cuestionas tu valía, y la de los sentimientos involucrados. Pero... pronto me di cuenta, esta vez por mí misma.- sus pupilas dejan la Luna, y lo miran a él.- En realidad, era al revés. Era tan difícil enfrentar dicho hecho, tan difícil renunciar a algo tan único, que la forma más fácil de hacerlo era no pensándolo. De golpe y sis mirar atrás, por miedo a que surgieran las dudas, por temor a retractarse. No se trata de arrojar algo a un lado, si no de lanzarlo desde un acantilado tan alto hacia un mar tan embravecido, que aunque en el momento en que lo que arrojas abandona tu mano te arrepientas de tirarlo, sabes que o bien te lanzas tras él en un suicidio, y no podrás recuperarlo porque estarás muerto, o bien aceptas que jamás volverás a tenerlo porque no se puede recuperar de donde lo has tirado.-

Apartando su mirada dela Sombra del Trobador, inclinó su cabeza, con sus párpados bien cerrados, y dejó escapar una carcajada.

- ¡Tan grandilocuente! ¡Tan cobarde! Es sublime, perfecto. Es la solución más fácil. Huir de la batalla, dar la espalda al demonio interno, esconderse del dragón. ¡Qué apropiado para un Lengua de Plata!-

La Sombra suspira. No está del todo satisfecho con el rumbo de los acontecimientos, pero la prefiere cruel y cínica que desesperada y muerta en vida. A fin de cuentas, razona, no necesita de alguien capaz de herirla por la espalda.

- ¿Y eso es todo?- pregunta con cautela.

- Eso será todo.- responde firme ella, fuerte, la dignidad incólume.- No lo olvidaré, no puedo hacerlo. Tú lo sabes mejor que nadie. Pero he aprendido que valgo para mí mucho más de lo que creía. El tiempo no espera a nadie y.... en fin...- vuelve a sonreír, esta vez de una forma traviesa.- ¿Quién sabe? Aún me quedan muchos giros de Sol. Todo es posible.-

- ¿Incluso volver a creer?-

Otra carcajada, esta vez más limpia, casi tintineante, inocente en su puro timbre, turba la paz de la tumbas. Y entre sus propias risas, Yo, Alma Condenada, responde.

- ¡Cosas más imposibles han ocurrido!-


(Lo que una vez fue imposible puede dejar de serlo... ¿y lo que una vez fue posible? También. Son las dos caras del espejo. Y hasta las ratas tienen quien se acuerde de ellas, aunque sea para maldecirlas...)