Toda historia tiene un principio...


... y esta aún no ha llegado a su final.

Pero para entender el Ahora, debes conocer el Ayer.

En esta crónica plagada de claves, de secretos, de metáforas, simbolismos y sueños, sólo quienes comiencen el viaje desde el mismo punto en que se inició lograrán comprenderlo.

Toda historia tiene un Principio. Comiénzalo.




lunes, 29 de agosto de 2016

A donde vaya mi cuerpo...




- ¿Conoces la frase "A donde vaya mi cuerpo, mi corazón lo seguirá"?-

La Sombra, el Trobador, asintió. Era una aseveración muy famosa.


- Pero ya no hay Rubí en tí.- señaló, certero.- Fue exiliado.-

- Sí, lo sé... tú lo expulsaste.-

- ... no lo lamento.-


El tono es desafiante a la par que seguro y sereno.

Yo, Alma Condenada, asiento y sonrío.


- No te culpo. Lo hiciste por Amor.-

- Entonces... ¿por qué...?-

- ¿... la frase?- la sonrisa se vuelve extraña, llena de matices imposibles de definir.- Porque... ¿qué crees que ocurrirá en el caso de que no haya un corazón?-






La Dama del Cuervo, dormida bajo el fresno, se despertó bruscamente. Llevaba ya un tiempo letárgica, y con alegría se entregó al sueño, pues en el fondo de su alma rogaba por no despertar jamás.


Pero el Rubí truncó sus deseos.

Pues fue su triste y desgarrador palpitar enfermo lo que la trajo de vuelta a la consciencia.

Y una vez, lágrimas de dolor regaron la tumba bajo el fresno...



(En cuanto menos te lo esperas, el recuerdo puede golpearte con toda su fuerza... y sólo puedes ahogarte o seguir luchando contra las aguas que amenazan con envolverte. Malditos recordatorios inesperados...)


miércoles, 29 de junio de 2016

Aprecio



No todo es siempre tristeza en este Cementerio, aunque parezca lo contrario. Y aunque el Alma Condenada esté herida. Pero ahora es más fuerte y no llora, por más que la acosen los sueños por las noches.

La Sombra del Trobador sonríe para sí. Pues si ella muestra una sonrisa, él es feliz. 

Y sabe que no está sola. Muchos lo quieren y se lo demuestran.

"La calidez es el mejor de los mantos..." susurra Yo, Alma Condenada, disfrutando de las imágenes oníricas de las Esferas. 

Y la fiesta de sus Esencias en el Cementerio prosigue. Un misterioso aroma a deliciosas especias flota por los alrededores, trayendo ecos de lugares tan remotos como exóticos.

Lugares de sueño, lugares que nunca fueron, salvo en la imaginación sublimada de los hombres. Y por ello, tan hermosos.

Se siente viva.

Y todo gracias al Sentimiento que talló la nueva lápida.



Dulce, cálido,
brisa en el desierto,
caricia en tu mano.

Frescor, savia y menta,
pura energía,
marea de vida.

Sentir que importas,
que marca una diferencia
en los hitos tu existencia.

Que para otros sus vidas
no serían iguales
si tú faltases.

Gozar de la magia,
el brillante sortilegio
del Aprecio.



Y mientras, lejos de los muros pero a suficiente distancia para percibir los fulgores del festejo, la velada Dama del Cuervo mostró también una pequeña sonrisa. Aunque ya no perteneciese a aquellos muros, aunque cada vez se sintiera más desdibujada, era feliz por Ella. Y por ello, con ternura, depositó el pequeño ramillete de flores silvestres en la discreta tumbra bajo el fresno, apenas una laja de piedra con signos corroídos.

"Aunque sienta tristeza al saberte muerto, sigue siendo mejor así" musita.

Porque las plumas de los cuervos son negras, y sólo ese color sienta bien a la Dama velada.




(Saber que tengo amigos absolutamente maravillosos, amigos que me han probado una amistad sincera, que me hacen saber de palabra y de obra que mi presencia es valorada, tanto como yo valoro la de ellos... eso no tiene parangón. Y es el mejor consuelo para noches de extraños sueños y despertares agotados)



sábado, 7 de mayo de 2016

Quien no me añora...



¿Por qué llorar por quien no me llora
ni añorar a quien no me añora?
Te extraño tanto que me duele
y lo que más duele
es echarte en falta
porque no lo mereces
tras destrozar mi corazón y mi confianza.
Y sin embargo...
sería más fácil evitar respirar,
evitar soñar (cosa que me ayudaría),
evitar dormir cuando estoy cansada
evitar, con mi memoria, recordar.

No es justo.


(No soy masoquista, pero desgraciadamente tampoco soy una persona con un corazón tan indiferente como para dejar todo atrás...)

miércoles, 20 de abril de 2016

Mi noche del año (por séptima vez)





Mira, somos Yo. Mira, el Sol regresa a su lecho. Es hermoso.



Pasaron tantos giros de esperanza que pensé que nunca volvería a contemplarlo sola. 

La realidad es cruel, y desengaña.

Pero es mi Acantilado. Es mi Sol. Y soy Yo.





Y nunca estoy realmente sola. Tengo una manada, tengo gente por la cual regresar. Seres especiales que hacen que vivir duela menos. Gente que me quiere. Gente a la que quiero. Y por ellos, me levanto y avanzo paso a paso.

Me han dicho muchas veces que no se debe vivir por otros, que hay que vivir por uno mismo. ¿Por uno mismo? Valiente tontería. Yo no me sirvo de nada sola. No quiero la vida triste, gris y vacía de aquellos que no precisan de nadie para vivir. Pues entre eso y la muerte... ¿qué diferencia hay? Al final, lo que cuenta es cuanta gente estará en tu Banquete de Memoria recordándote y contando historias que te incluyan. Esa es la inmortalidad.
En un nuevo giro solar que ha sido como el ying y el yang, en el que he rozado las estrellas para de golpe caer en la más profunda sima, camino con fuerza.

Por vosotros.


(Porque Yo soy Yo, y eso nadie lo cambia...)


sábado, 2 de abril de 2016

Si supieras...



Por las puertas del Cementerio fue arrojada una cajita de música. La exiliada Dama del Cuervo, en su andar vagabundo en torno a los muros que no está autorizada a cruzar, la encontró.

Era pequeña, y no parecía muy antigua, aunque tenía señales de uso que delataban lo mucho que la había utilizado su dueño.

La reconoció enseguida.

Era suya.

Y con una delicada mano temblorosa, abrió la tapa...






Su voz cantó a dúo consigo misma. Finalmente cerró la caja y la guardó en el baúl de su corazón.

Y se echó a llorar.


(Tres lunas ya... el tiempo corre, y ojalá lo dejase todo atrás... pero hay palabras difíciles de borrar... ¡mentiroso!)

viernes, 25 de marzo de 2016

Retorno



"Despierta... por favor, despierta..."

La voz acongojada de la Sombra del Trobador es una súplica desesperada.

El Cementerio no parece haber cambiado, salvo por estar inusualmente silencioso. El silencio del vacío, de la falta de presencias. La Sombra, el Trobador, alza su mirada al Árbol de las Esferas.

Aquella esfera llegó a ser una poderosa luminaria. Tan grande, que la eterna noche del Cementerio fue anegada con luz como si fuese pleno día, arrebatándole su magia, su esencia. Los primeros en desaparecer fueron los duendes, que dejaron de asomarse entre la maleza, y pronto las hadas los siguieron. Los espíritus huyeron a las sombras subterráneas de las criptas. Los últimos, los ángeles de piedra, no desaparecieron, pero no volvieron a moverse, estatuas mudas con rostros escondidos entre manos y alas.

Incluso la Sombra pensó que desaparecería bajo aquel Sol, sumido en un letargo silente mientras custodiaba aquel sueño.

Pero la Esfera menguó de golpe.

Y el cuerpo dormido que sonreía en sueños sobre su blanco catafalco de mármol comenzó a agitarse en un extraño baile.

La noche volvió a adueñarse del reino dormido y escondido, que poco a poco volvía a vivir.

Y La Sombra, el Trobador, vigila angustiado el inconsciente Yo.

Retira sus lágrimas con el dorso de su mano, y su mirada se clava en las sombras y en la neblina gris que, más allá del Árbol de las Esferas, parece aguardar. Su rostro de tristeza se ve cortorsionado por la furia.

"¡Tú! ¿Cómo te atreves a venir aquí?" escupe entre dientes, acusador, encarándose con la figura velada por las brumas. "Ya le has hecho suficiente daño. ¡Ya no eres bienvenida en este lugar! ¡Vete de aquí!"

"... no pretendo herirla." la voz es suave y está cargada de una pena tan profunda y serena que incluso la ira de la Sombra se apacigua en parte."No puedo marcharme..."

"Puedes. Lo harás."

"Tú no has podido... ¿por qué yo sí? ¿Cuál es la diferencia entre nosotros?"

"¡Que yo soy un ideal nacido de una ilusión!" grita la Sombra del Trobador. "No soy parte de Ella. Soy un anhelo. Soy un guardián. Soy lo que alguien debió ser... siempre estaré a su lado. Amándola de la forma que los humanos no pueden amar. Nunca la defraudaré, porque no puedo. No tengo una existencia real. Pero tú... tú eres real. Existes dentro de Ella. Eres parte de ella. Y la estás matando."

El asentimiento de la Dama del Cuervo es triste. No niega la verdad.

Envuelta en oscuros velos, con el ave posada en su hombro, se aproxima a quedos pasos hacia el altar y contempla su rostro, que llora dormido. La Sombra se interpone en un principio, en ademán hostil y defensor, pero la triste y tenue sonrisa de la Dama del Cuervo lo desarma. Ve la culpa y el dolor con los que carga.

"El sueño terminó." susurra la recién llegada, en un tono que es a la vez una súplica de perdón y un llanto desgarrado. "Y llegó la pesadilla."

Él posa su mano fantasmal en el rostro insconsciente y amado, y deja una lágrima escapar.

"De nuevo quebrada. De nuevo decepcionada." mira a su nueva compañera. "Te aniquilaría si pudiera, pero sólo Ella puede matarte. Eres inmortal de la misma forma que yo."

"Ojalá no lo fuese. Quizás ni siquiera Ella pueda destruirme."

"No puedes quedarte."

"Lo sé. Pero no me deja marchar del todo aún. Sabes que jamás lo hará. Está en su Naturaleza."

"Sal del Cementerio. No pongas un pie entre sus muros. Podrás existir fuera de aquí, allá en los mundos de Ella." la sentencia es dura, la mirada inflexible. "Pero jamás podrás morar dentro otra vez."

La Dama del Cuervo asiente sin discutir su condena, y se inclina sobre el pecho desnudo para tomar la Joya entre sus manos.

"¿Debo llevármelo?"

"Es tuyo. Y Ella ya no desea tenerlo."

"No puedes saber eso. Aún no despierta."

"Sí lo sé. Ella no lo quiere ya. Intentó destruírlo muchas veces, antes de que tú nacieras, y sabe que es imposible. Antes que volver a verla sufrir con los pedazos incrustados en su carne, elijo exiliarlo. Llévatelo. Aún te pertenece, y por ello te maldigo."

Una vez más, la Dama del Cuervo sólo asiente dócilmente, sin protestar por el frío trato. El Rubí late en sus manos, de una forma enferma y agónica, su brillo teñido de corrupción. Tristeza en sus ojos del color del oro viejo.

"Sabes que se lo devolvería si pudiera hacerlo. Si con ello la sanase."

Él asiente y le da la espalda, de nuevo vigilante de Yo.

Y así se exilia la Dama del Cuervo, siempre envuelta en nieblas, velos y tristeza, cargando consigo su culpa: seguir existiendo una vez acabo el sueño. Sabe su destino: merodear para siempre junto a las puertas y muros del Cementerio al que no le está permitido regresar. 


La Esfera Rey, lo que fue un Sol, es ahora apenas un corazón humano, de luz débil y pequeña, que cuelga como un magro fruto. Es lo que les sucede a las Esferas que sólo tienen una única fuente de alimento: Yo, Alma Condenada.

Las Esferas siempre necesitan dos.


Y bajo la fantástica luminosidad nocturno que emiten los cielos estrellados del Cementerio, un profundo suspiro precede al aleteo de unos párpados y al temblor de unos labios.

Y la Sombra, el Trobador, el primero en regresar del sueño silente, es testigo del despertar. Y le dice lo que quiere decirle, lo que sabe que desea escuchar.

"Te amo."

Una sonrisa, tan triste como la Dama del Cuervo, cargada de afecto por él. Por sus Esencias. Por su Mundo, que es mejor que aquél que habita.

- Estoy cansada...-

Cansada de sueños, y de pesadillas.


(Sí... he regresado...)

martes, 28 de octubre de 2014

Paseando entre tumbas (siete años después)



Ha pasado tanto tiempo.... tanto tiempo... y sin embargo, para mí ha sido como un suspiro. Debería estar escribiendo acerca de un Alma Condenada en su Cementerio, o quizás sobre la Lobo, describiendo con melancólicas palabras que suenan bellas a mis oídos acerca del paso inexorable del tiempo, del transcurrir de los días... pero no puedo.

Mi inspiración calla. Y eso es algo nuevo para mí, hasta un punto que desconocía.

¿Por qué calla? Porque soy feliz.

Y la felicidad me roba esos largos ratos en los que me perdía en mi propia mente entre negros pensamientos que daban a luz poemas desgarrados y epitafios malditos. El silencio, oí decir una vez, es el mejor heraldo de la alegría, porque poca sería esta si pudiera decir cuanta es.

¿Tal vez sea ese mi caso? Quien sabe.

Siete giros solares he escrito en estas tumbas. Cada vez que estaba triste, o furiosa, o perdida, acudía aquí en busca de una catarsis purificadora. Siete años... en los que he recuperado mi corazón, mi Rubí.

Me he redimido. Lo creía imposible. 

O mejor dicho, me han redimido. Porque yo sola no habría podido hacerlo. Y no me duele admitirlo. Porque esa es mi fortaleza.

No te olvido, mi Cementerio. De veras que no te olvido. Pero has cumplido tu principal misión, y yo debo aprender a caminar fuera de tus muros sin temor. Como lo hago ahora. 

No te abandonaré, estoy segura de que de vez en cuando volveré a escribir en tí alguna lápida. Aprenderé a inspirarme en la alegría. 

Hasta entonces, tus rejas y muros te seguirán guardando, y tu puerta queda entreabierta como siempre lo ha estado.

Felices siete años, mi mundo secreto.

Mi Cementerio.